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sacanueces

T692 CUANDO PUEDA

 

   Cuando pueda, con cinco pesos me corto el pelo, consiguiéndolos, claro.

Y también cuando pueda, si tengo otros pesos, la llevo al cine. Ahí nos sentamos con las manos llenas de golosinas y los pies colgando en la silla delantera. Cuando pueda, cuando pueda. Y además, después, la llevo y le compro esa muñeca rosa que tanto le gustaba y las sandalias y un pantalón. Y después directo al zoológico y a los autitos chocadores y a la montaña rusa, todo eso que alguna vez me contaron, y también le compraré un copo gigante de azúcar blanca y dos bolsas de maní y pipocas; cuando pueda, cuando pueda.

   Ahora caminemos, falta poco. La noche se nos viene encima y las estrellas nos verán ir descalzos sobre esta huella en la tierra desnuda y desahuciada , pero cuando pueda, ahí nomás, la llevo a la ciudad y comemos un helado grande, de esos con muchas bochas y nos damos unas vueltas en colectivo, hasta cansarnos y después, después subimos a esos edificios grandes, esos enormes y altos… muchas veces. Le va ha gustar, le va ha gustar.

   Y ahora la llevo upa mi niña, la fiebre abraza con fuerza a sus ojitos, falta poco, poco. La víbora no era tan grande, carajo no me afloje ahora.

   Se me está enfriando mi niña ¿qué pasa con sus ojitos que le han quedado fijos mirando las estrellas? ¡Pucha que me aflojó la niña!

   La dejo acá m’hija, entre las piedras, bajo esta lágrima de luna para que le cuide los sueñitos. Cuando pueda, cuando pueda, juro que vengo y la entierro como a un ángelito.

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