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T831 Posible crónica de un viaje

un salto largo poblado de sueños estás por dar,
subirte a la calle de la despedida e ir hacia el norte,
allá a la derecha de donde nace un sol de colores insospechados,
donde te espera el hechizo (ese que una noche en la vigilia del infierno creaste para escapar)
no habrá dioses que guarden aquel secreto ni ángeles guardianes que protejan a tu niña, sólo pájaros asustados que te servirán de guía, un búho de alas anchas y blancas será tu estrella y un abismo entre vos y tus recuerdos serán tus pies ligeros, esa urgencia de agua fresca imposible de detener tus ojos negros, tu pelo negro, y tu cara firme sin lágrimas ni culpas, apoyadas contra el viento que sopla desde el infinito, crujen (será el dolor que cimbra en las entrañas, lo que no puedes comprender con tus pupilas heridas que no cesan de sangrar) habrá en cada costado una lanza hurgando entre tus costillas y en el centro del pecho el puñal de la despedida no ha de haber más lugar en tu bagaje, ya repleto de nada y posiblemente alguna utopía por nacer quizás sea la vida amiga mía, la vida que bosteza de aburrida una vez más contarte de mi querría, pero habría tan poco que agregar, quedaré aquí, casi abandonado como quedan los perros cuando los amos se mudan y allá no hay lugar, husmeando, venteando, norteando, esperando como se debe esperar, como cualquier amigo o fiel animal
T 830 Crónica de la soledad (descubrimiento)
después de la puerta, la escalera, el portón, la vereda y la calle después de ese mundo poblado de infinitos, la mar cargada de barcazas, quizás amarillas, quizás rojas, azules y sus muelles llenos de marinos barbados, fumando pipa, tomando ron y los tugurios repletos de historias y misterios después ovillar los pasos, el camino, con el bagaje pesado de aventuras; cruzar la calle –hola don Juan, doña María -, atravesar la vereda, el portón, subir la escalera, abrir la puerta ansioso del abrazo y la bienvenida ... pero sólo te golpeas con un silencio de ausencia, el olor de los vacíos y un frío húmedo que te quiebra la piel después, la puerta escalera portón vereda y ya en la calle alguien te dice: - murieron años atrás- después, bastante después, ves ese mundo poblado de infinitos con ojos desorientados, y descubres la soledadT 829 Crónica de un suicidio anunciado

“desperté con la muerte atrapada entre las manos,
quizás el tiempo se ancló a mitad de mañana,
antes que la sombra desapareciera bajo los pies”
el aire fresco me vio cruzar la galería, pasar frente a vos y bajar por la anchura de escalinata de rústica roca, pero los pájaros estaban callados, menos los míos, los del alma, que lloraban a los alaridos.
no escuchaste nada, o si, no se, iba apenas con unas medias grises, casi descalzo, negras mis botas las apretaba contra mi pecho en un abrazo desesperado; tomé la vereda de las margaritas y apuré el paso.
te escuche gritar: -¿¡adonde vas!?- desde el balcón, arriba, en la galería me lo decías, desde donde me veías partir, -allá -murmuré entre dientes apretados y las pupilas fijas hacia adelante por el sendero que se descuelga hacia el río, mientras el corazón latía agitado,me di cuenta que no entendía la razón de mi existencia.
atormentado estaba, ni más ni menos de cómo había vivido, el monstruo y yo caminábamos por última vez de la mano, sobre los mismos pies, hacia la misma garganta oscura, él tampoco se resistía. me detuve en el lugar donde terminaría la historia, no estabas y nunca llegarías, eso si que deseaba con el alma,
¡realmente deseaba que llegases!
luego un árbol, la rama, el alambre, mi cuello, el cimbrón, mecerse pendularmente.
y entrar por fin en la nada, con la última imagen bondadosa:de verdes y pájaros y aire fresco y el sol colándose entre las copas de los freznos, acacias, cipreses y moras, y abajo el río, el último testigo, silencioso testigo,llevándose para siempre mi pesadilla.
vos no estabas
T 828 Quizas cien años junto a vos

(... no creo ya en esta prisa,
esta vorágine de ser ni aquella sangre que todo lo revoluciona
y se dispara por mis venas ni en esta sed inacabable,
esa ansiedad del no regreso,
ese ir constante hacia la vida......no creo ya en los cambios de mi destino
que por segundo ejecute ni en ese amplio espectro de tantos horizontes
ni en el orden ni el desorden ni en los mares de muchos nombres
ni sus inagotables distancias ni en sus muchos puertos en olvido y barcos amarillos encallados hasta el tuétano...)
Ahora siento que las siestas deben ser más largas, en el levantarse más tarde,
en ir a hacer las compras de tu mano todos los días,
como si siempre fuera Domingo,
en acompañar el atardecer en su ocaso,
con unos mates cortos o con los pies apenas metidos en el agua, de algún mar o de un pequeño río perdido en las montañas de alguna lejanía,
con nuestras miradas clavadas, diciéndonos todas esas cosas que ya no hace falta hablar, pero tanto decirlas.
Ahora creo, decía, que por fin estamos juntos ,
sobre la misma huella, con la misma vitalidad, la de los sueños,
con los pájaros multiplicados de a montones,
esperando, sencillamente, que a la hora que la muerte venga, nos encuentre aún abrazados.
Ahora siento, amiga mía, que cien años son una pavada
si podemos caminarlos juntos.
T 826 Olor

Quítame ese olor a espera,
a sombra,a frío y muerte que me martiriza el alma.
Quítame esos sonidos lastimosos que me mantienen ausente,
abridme el pecho,que vuelen los versos,
que el poeta ya es piedra en los brazos del aire,
que reposa en su tumba de barro entre los dientes de la tierra.
¡¿Qué me he hecho,para que sangren de mis ojos
flores negras y blancos epitafios
y flote ciego en el vacío, casi a la deriva,
mendigando,y cavilando dude de la veracidad de mi existencia?
! Quítame ese olor,desincrústame de la memoria silente,
la que me vio llorar frente al espejo hueco,
donde lloraba, también, mi fantasma aterrado.
Déjame niño,vértigo, inocencia y asombro,
ya desnudo de esa piel agotada de olor a sombra,
ya a la intemperie del llanto, sácame de la huesa y abrázame
,sólo abrázame y hazme creer que aún no he muerto,
que estoy en tu recuerdo, que soy uno de esos pájaros
que aún agitados te habitan y besa el aire como si fuera mi frente
y no llores, no ahuyentes a los dioses,
en nombre de los dos.
T823 Entero

Entera es el alma que te he dado, que te doy, y esos ojos de pájaros que desde los cielos te ven, y ese balcón abierto sobre el abismo, al aire puro y a la libertad.
Entera es la sangre que vertí, que te daré y te di, fuego y rebelión, el más profundo de los juramentos, hasta la muerte por vos; el más profundo de los sentimientos, morir con vos.
Entera es el agua que dejé sobre tu falda, que quizás te deje; gotas del pecho exprimido, dolor de noches sin dormir, dolor por tu dolor de agostos, por tu invierno sombrío, por esas tumbas que habitaste, las que llore; me llore en huesas habitándote, una y otra vez, ante la mansedumbre del silencio siniestro de los más antiguos dioses.
Entera es la palabra que escuchaste, que escuchas, que escucharás.
Todos los códigos mágicos de los ángeles y las musas, la imaginación volátil del escriba, los sueños del hombre, los tormentos del poeta, los epitafios del amigo, la alegría del amigo, el amigo.
Enteros los abrazos, gigantes tentáculos que te protegían , casa, caverna, nido, que te protegen, que te protegerán; enteros, muy enteros.
Y la voz también entera, más entera que nunca, alentándote en cada desafío, apaciguando las incertidumbres con canciones de cuna, abriendo las estrellas para que escuches la noche y sobre sus brazos dormir sin temor por la muerte.
La voz sin eco, la voz que se te entreteje en las entrañas, como se entreteje la mañana temprano en un bosque de álamos entre silbidos y rumores de holgazanes pájaros.
Entero es el silencio, el oído quieto, la mirada atenta, como tantos abriles haya suspendidos en el tiempo; el aire que contengo, el universo que encierro en la palma de cada mano; es, será y fue para vos; todo para vos. (Hablé de entero y quiero testificar ante la piedra azul de la conciencia, ante la tierra, el agua y el barro, ante tus ojos que me miran, ante estos montes que me escuchan, que me significa: es un algo, ese algo en su totalidad; no puede ser ni más ni menos, sólo lo que es y es un universo que abarca todo lo que a él le concierna. No se si bueno, no se si malo, pero genuino y total.)
Entero estoy y entero te quiero y reclamo a los vientos de los otoños enteros, tu entereza, amiga mía, amiga del alma, amiga entera.
No se, no se si podrías darme tal entereza, no porque no la tengas, quizás porque no puedas, comprendo. Pero me bastaría que tus ojos me miren con la simpleza de tu espíritu, con su inocencia.
Con la transparencia de tu alma, con la tristeza, también y por qué no, de la mirada de un pájaro en su último vuelo, con la alegría del primer sol sobre el rocío, muy temprano, muy temprano, cuando se despierta. No se... no se, me conformaría solamente con tu sonrisa.
Si, con eso sólo bastaría, con eso, con eso. Y echarnos a volar.
