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T 832 Dios vetusto

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 Manzanas verdes de sus ramas cuelgan,

un pájaro que sobrevuela del aire cuelga

y cuelga un puente sobre el río Hou

y un beso de mi boca

y de la espera la tuya con ansiedad.

 Cuelga sobre la cabeza la espada

y el ahorcado de la soga,

de las orejas los aros, del piolín la plomada

y del anzuelo el pescado.

 En la lluvia de Abril, de las nubes las gotas cuelgan,

las mismas nubes de las estrellas

y las estrellas de los sueños cuando te pienso

y el pensarte de mi alma

y ella de un cuento que te escribiré. 

Así es, todo de algo cuelga,

cuelgan las palabras de mi pluma al escribir,

de los ojos mis lágrimas,

del destino mi vida cuelga,

el horizonte de una bandada de pájaros blancos.

 Cuelga mi vida del destino,

 mencioné y él es la marioneta trasparente

que cuelga indefensa de los mágicos hilos

que caprichosamente mueve la muerte divirtiéndose

y ella, la muerte, de mi nefasta imaginación cuelga también

(como un dios vetusto, casi oxidado, imposible de adorar)

T 833 Crónica de una carta que no se pudo escribir

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   (... OH ! si esta lluvia cesara, podría quitarme la tristeza de extrañarte, así, mucho, como te extraño y salir de este lodo melancólico y caminar hasta el quiosco para comprar el diario. -¿sabes?, busco trabajo-...

    ... Si esta lluvia cesara, con ese diario bajo el brazo podría ir caminando a los lugares donde ofrecen los trabajos -¿te acuerdas que auto no tengo y que la miseria de mis bolsillos es infinitamente grande, no?- y quizás, conseguir alguno, que quizás también podría llegar a hacer y con el dinero de la paga, que no creo que pudiese ser demasiado pero alcanzaría, mandarte una carta para pedirte perdón. Claro si la lluvia cesara y la tristeza desapareciera, si no pensara en vos, digo. Pero llueve y llueve, y más llueve dentro de mí...)

   En un cuarto de luz extenuada, donde apenas había recuerdos de algún revoque sobre sus paredes, y estas, eran presas fáciles de las humedades y donde, también, el frío filoso y contundente inundaba desde el techo hasta los pisos. Entre los sonidos persistentes de una lluvia inacabable, frente a la mesa, la ventana, lo vio tomar la pistola y dispararse un tiro sólo una vez.

   Las ratas lo encontraron primero y en los diarios no salió.

24/02/2007 16:18 Autor: FRANCISCO JOSE MALVÁREZ. Enlace permanente. Tema: crónicas No hay comentarios. Comentar.


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